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Reactivación de proyectos clave en minería y energía; proyecciones de PIB; control inflacionario y la importancia de la consolidación fiscal, resalta el organismo internacional en su reciente informe.
Según el reciente informe de OCDE, la economía chilena proyecta una senda de crecimiento sostenido para los próximos años, con un aumento del PIB real del 2,4% en 2025, seguido de un 2,2% en 2026 y 2027.
Este impulso se debe a la resiliencia de la demanda interna, favorecida por la relajación de las condiciones financieras y el crecimiento de los salarios reales, lo que mantendrá el consumo privado sólido.
La inversión, aunque moderada, se espera que se mantenga robusta, impulsada por la reactivación de proyectos clave en minería y energía, y la reciente reforma para agilizar permisos de inversión. Las exportaciones netas contribuirán positivamente al crecimiento a partir de 2026, respaldadas por un entorno externo más favorable, incluyendo la mejora de los términos de intercambio y los altos precios proyectados para el cobre.
En el frente monetario, la inflación general ha continuado su descenso, situándose en el rango objetivo del banco central (3,4% en octubre). Se proyecta que converja y se estabilice cerca del 3% para finales de 2026. Esta desinflación permitirá una flexibilización gradual de la política monetaria, con recortes adicionales de la tasa de referencia hasta situarla cerca del 4% en 2027.
La estabilidad fiscal es crucial. El gobierno implementará una consolidación fiscal gradual para 2025-2027, con el objetivo de mantener la deuda pública controlada. Para asegurar el cumplimiento de la regla fiscal, son esenciales esfuerzos como la limitación del crecimiento del gasto corriente, el fortalecimiento de la base tributaria y la mejora de la eficiencia del gasto público.
Tecnología: la relevancia de la IA
La rápida implementación del gobierno digital y las iniciativas de capacitación laboral que aprovechen el potencial de la IA y se adapten al cambio climático son fundamentales para reducir la burocracia, aumentar la productividad y sostener el crecimiento a mediano plazo. Los riesgos a la baja incluyen una demanda mundial de metales más débil o el endurecimiento de las condiciones financieras globales.

