Por equipo de redacción Multimedios – GPI.
Imagen creada con IA.
Entre febrero y mayo de 2026 el cobre alcanzó máximos históricos impulsado por la demanda china, la electrificación global y la incertidumbre geopolítica. Mientras el mercado celebra precios récord, Chile enfrenta una pregunta clave: ¿está realmente capitalizando el auge del principal motor de su economía?
El principal producto de exportación de Chile volvió a instalarse en el centro de la discusión económica durante los primeros meses de 2026. Entre febrero y mayo, el cobre mostró una fuerte volatilidad en los mercados internacionales, aunque manteniendo una tendencia alcista impulsada por la transición energética, la electromovilidad y la demanda industrial global.
Según datos de Cochilco, el metal rojo alcanzó durante mayo un máximo histórico cercano a los US$6,29 la libra, mientras que el promedio anual llegó a US$5,88/lb. La entidad además elevó su proyección promedio para 2026 hasta los US$5,55/lb.
Para Francisco Rivas, director de Ingeniería Civil en Minas de la Universidad Central, el mercado del cobre está atravesando un cambio estructural. “Hoy el cobre está siendo visto cada vez más como un mineral estratégico y no solamente como un commodity tradicional”, afirmó.

El académico explicó que el metal ya no depende únicamente del ciclo tradicional de construcción o manufactura. “Existe una demanda más permanente asociada a la electrificación global”, sostuvo, apuntando al crecimiento de sectores ligados a la electromovilidad, energías renovables, redes eléctricas, centros de datos e inteligencia artificial.
Rivas también advirtió que el escenario actual no responde solamente a una mayor demanda. “El precio alto no se debe solo a una mayor demanda, sino también a que el mercado percibe cierta fragilidad en la capacidad de producción de los países productores”, indicó.
“El precio alto no se debe solo a una mayor demanda, sino también a que el mercado percibe cierta fragilidad en la capacidad de producción de los países productores”.
Francisco Rivas.
Durante febrero, el cobre se mantuvo cercano a los US$6/lb, impulsado por expectativas de mayor demanda desde China y señales de estrechez en la oferta global. En marzo, el precio mostró retrocesos hacia niveles cercanos a US$5,8/lb debido al aumento de inventarios y al impacto del alza del petróleo sobre los mercados internacionales.
China, dólar y volatilidad global
China continúa siendo el principal consumidor mundial de cobre y concentra cerca del 50% de la demanda global del metal, según el International Copper Study Group (ICSG). Cualquier señal sobre su actividad industrial impacta directamente en el mercado.
“Si China muestra mayor actividad industrial, inversión en infraestructura o manufactura, eso tiende a fortalecer el precio. Pero si aparecen señales de debilidad, el mercado reacciona rápidamente”, explicó Francisco Rivas.
A ello se sumó durante estos meses el fortalecimiento del dólar y las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y Asia, factores que aumentaron la volatilidad de los commodities.
El economista y académico de la Universidad de Chile, Alejandro Alarcón, sostuvo que el comportamiento reciente del cobre refleja directamente el escenario global. “Hemos tenido una inusual fluctuación”, indicó.
“Estamos teniendo un periodo que tiene en estos momentos un efecto positivo sobre el país”, (…) “No sabemos si va a ser una trayectoria de mediano plazo”.
Alejandro Alarcón.
El exgerente general de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (ABIF) agregó que actualmente existe “una tendencia en alza del cobre” que también termina afectando variables como el tipo de cambio.

“Estamos teniendo un periodo que tiene en estos momentos un efecto positivo sobre el país”, afirmó Alarcón, aunque advirtió que todavía existe incertidumbre sobre cuánto tiempo podría mantenerse este ciclo. “No sabemos si va a ser una trayectoria de mediano plazo”, sostuvo.
Precios récord, pero producción estancada
Aunque el cobre atraviesa uno de sus mejores ciclos de precios de los últimos años, la producción chilena continúa enfrentando dificultades. Cochilco redujo recientemente sus proyecciones de producción para 2026 hasta aproximadamente 5,3 millones de toneladas, apuntando a menores leyes minerales, restricciones operacionales y retrasos en proyectos.
Durante marzo, Codelco registró una caída cercana al 10% interanual en producción, mientras que Escondida y Collahuasi también mostraron descensos, según cifras de Cochilco.
“El principal desafío es entender que un buen precio no garantiza por sí solo liderazgo minero”, advirtió Francisco Rivas.
El académico sostuvo que Chile enfrenta yacimientos más complejos, mayores exigencias ambientales y lentitud en los permisos para nuevos proyectos. “Chile tiene el recurso y la experiencia minera, pero enfrenta procesos que muchas veces avanzan más lento que las necesidades de inversión”, explicó.
Rivas además advirtió que el país necesita fortalecer la exploración minera. “Si no hay reposición de depósitos y nuevos desarrollos, el liderazgo se va debilitando en el tiempo”, señaló.
Alejandro Alarcón, en tanto, sostuvo que Chile todavía no logra capitalizar plenamente este escenario favorable. “Hemos tenido precios más altos que los últimos promedios y no estamos internalizando ese aumento”, afirmó.
El economista incluso cuestionó la falta de una estrategia de largo plazo para aprovechar este nuevo ciclo. “No veo que haya un impacto en la estrategia ni en lo que podamos observar en el futuro en el mercado del cobre en Chile”, sostuvo.
Impacto fiscal y oportunidad histórica
El buen momento del cobre tiene efectos directos sobre las cuentas fiscales chilenas. Un mayor precio del metal rojo fortalece la recaudación minera, mejora las perspectivas de excedentes de Codelco y aumenta los ingresos del Estado vía impuestos y royalty.
Sin embargo, ambos expertos coinciden en que depender exclusivamente del precio internacional sigue siendo una vulnerabilidad para la economía chilena. “Vamos a tener precios altos del cobre y no sé hasta cuándo”, advirtió Alejandro Alarcón.
Mientras el mundo acelera la transición energética y la demanda por cobre continúa creciendo, Chile enfrenta una oportunidad histórica. El desafío será transformar este nuevo ciclo en inversión, producción y desarrollo de largo plazo antes de que el mercado vuelva a cambiar de dirección.

