Imagen referencial.
Aunque el valor exportado creció con fuerza en enero gracias a precios excepcionales, la actividad extractiva continúa retrocediendo y suma cinco meses de disminuciones, encendiendo alertas sobre la disponibilidad futura de oferta.
El repunte del valor de los embarques de cobre durante enero contrastó con el debilitamiento de la producción minera en el país, que ha mostrado un descenso sostenido en los últimos meses. El aumento de ingresos responde principalmente al fuerte impulso del precio internacional del metal, lo que ha permitido compensar la menor disponibilidad de mineral en un escenario marcado por leyes más bajas y dificultades operativas en yacimientos relevantes.
Los registros del Banco Central indican que los envíos totalizaron $4.550 millones de dólares en el primer mes del año, cifra que refleja un avance interanual cercano al 8%. No obstante, el crecimiento se explica por el incremento del valor de la libra en los mercados globales, que llegó a un promedio 34% superior al de igual período del año anterior. Este comportamiento confirma que el dinamismo exportador no está asociado a un repunte productivo, sino al efecto precio.
La disonancia entre ingresos y actividad minera ocurre en medio de un mercado internacional tensionado por la menor oferta y un consumo estructuralmente al alza por la transición energética. A ello se suman retrasos en proyectos que buscan acceder a zonas de mejor ley, junto con contingencias en faenas como las operadas por Capstone Copper y en Quebrada Blanca. La caída persistente de las leyes minerales continúa elevando costos y complejizando la operación, factores que profundizan el desafío para revertir la tendencia a la baja en la producción nacional.

