Por equipo de redacción Multimedios – GPI.
Imagen creada con IA.
Desde la academia, Karol Burrows, analiza los avances y brechas en la vinculación con la industria minera, la formación de nuevos profesionales y los desafíos que impone la tecnología.
En el marco de la reciente versión de INTECMIN Copiapó, la directora de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Alba – La Serena, Karol Burrows, puso sobre la mesa uno de los temas más sensibles para el desarrollo de la industria minera, la necesidad de fortalecer la articulación entre academia e industria, especialmente en un escenario de creciente demanda por capital humano especializado.
Con experiencia tanto en el mundo minero como en la educación superior, Burrows reconoce que su vínculo con la academia ha sido también una evolución personal. “El mundo académico me ha conquistado. Uno siempre tiene cierta nostalgia del cerro, pero aquí existe la posibilidad de contribuir directamente a la formación de futuros profesionales”, señaló.
Desde esa doble mirada, enfatiza que la vinculación con la industria no es un complemento, sino una necesidad estructural. “Para nosotros es de vital importancia generar estos espacios de conversación y articulación. Cada retroalimentación que recibimos desde la industria la incorporamos en nuestros planes de estudio”, explicó.

No obstante, advierte que esta relación aún enfrenta brechas importantes. “La universidad suele dar el primer paso. Las empresas están dispuestas, pero el gran denominador común es el tiempo. Eso define qué tan frecuente y efectiva puede ser esta articulación”, sostuvo.
A este escenario se suma un desafío que, a su juicio, sigue pendiente: la visibilización del trabajo que realiza la academia. “Se hacen muchas iniciativas, hay redes y proyectos colaborativos, pero no siempre contamos con los recursos para socializarlos a nivel nacional”, indicó, destacando esfuerzos regionales que buscan conectar a distintas casas de estudio con su entorno productivo.
En paralelo, la formación de nuevos profesionales aparece como un punto crítico, especialmente ante las proyecciones de demanda en el sector minero. “Hoy estamos viendo una baja en la matrícula de ingenierías a nivel nacional. Ya no es la realidad de antes, donde había listas de espera”, advirtió.
A esto se suman debilidades en la formación base. “Nos damos cuenta de que existen falencias en ciencias básicas como física, química o cálculo. Los estudiantes llegan con temor a fracasar, y eso impacta directamente en su proceso formativo”, explicó.
Frente a este escenario, Burrows plantea la necesidad de avanzar hacia metodologías más activas y centradas en el estudiante. “Hoy no solo estamos cuestionando al docente, sino también al estudiante, respecto de cómo se hace parte de su propio proceso de aprendizaje”, afirmó.
En relación con la conexión con la industria, también abordó la dificultad de acceder a información real para la formación práctica. “Cuesta que las empresas nos entreguen estudios de caso. No porque no quieran, sino porque requieren tiempo y propuestas claras desde la academia”, puntualizó.
Sin embargo, destaca que cuando esa articulación se concreta, los resultados son positivos. “Se generan espacios donde los estudiantes pueden trabajar con datos reales, desarrollar análisis y proponer soluciones que eventualmente pueden ser útiles para la industria”, señaló.
Mirando hacia el futuro, la académica es clara: el país avanza, pero no al ritmo que exige la industria. “Creo que como país vamos avanzando bien, pero podríamos hacerlo más rápido. La tecnología no nos está esperando”, advirtió.

Finalmente, respecto al impacto de la inteligencia artificial en la educación, Burrows plantea una mirada crítica pero constructiva. “El problema no es la IA, sino qué hacemos con ella. Si no desarrollamos pensamiento crítico y capacidad de análisis, vamos a tener dificultades en la toma de decisiones”, concluyó.
“La universidad suele dar el primer paso. Las empresas están dispuestas, pero el gran denominador común es el tiempo. Eso define qué tan frecuente y efectiva puede ser esta articulación”.
“Cuesta que las empresas nos entreguen estudios de caso. No porque no quieran, sino porque requieren tiempo y propuestas claras desde la academia”.

