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Nota: equipo redacción Multimedios.
El comportamiento del litio entre febrero y mayo de 2026 evidenció las contradicciones de una industria marcada por la sobreoferta, la desaceleración temporal de la electromovilidad y la presión geopolítica sobre los minerales críticos. Mientras los precios fluctuaron con fuerza, Chile enfrenta una pregunta de fondo: ¿está aprovechando realmente su ventaja estratégica como uno de los principales actores del litio mundial?
Durante el primer semestre de 2026, el mercado del litio volvió a instalarse en el centro del debate económico global. Tras un fuerte repunte iniciado a fines de 2025, los precios comenzaron a mostrar nuevas oscilaciones entre febrero y mayo, reflejando la incertidumbre que atraviesa la cadena de suministro de baterías y vehículos eléctricos.
Aunque el mineral continúa siendo considerado uno de los pilares de la transición energética, la industria comenzó a enfrentar una etapa de ajuste marcada por la sobreoferta global, la desaceleración en algunos mercados automotrices y el replanteamiento de inversiones en distintos continentes.

Para Chile, uno de los principales productores mundiales gracias al Salar de Atacama, el fenómeno no solo tiene implicancias mineras, sino también económicas y estratégicas.
Entre el auge y la corrección del mercado
La presidenta del Directorio Asociación Cámara Internacional del Litio y Energías CIL LITHIUM, Pamela Goicovich, sostiene que la volatilidad reciente responde a una reacción excesiva de la industria frente al boom de la electromovilidad: “El litio vive hoy una paradoja digna de Wall Street y del desierto de Atacama al mismo tiempo, el mineral más estratégico de la transición energética también se ha convertido en uno de los más sensibles a la ansiedad del mercado global”, afirma.

“El litio vive hoy una paradoja digna de Wall Street y del desierto de Atacama al mismo tiempo, el mineral más estratégico de la transición energética también se ha convertido en uno de los más sensibles a la ansiedad del mercado global”.
Pamela Goicovich.
Según explica, el aumento acelerado de producción desde Australia, China y Argentina, sumado a una desaceleración temporal en la demanda de autos eléctricos en Europa y Asia, generó un escenario de sobreoferta que terminó presionando los precios a la baja.
“La industria reaccionó al boom verde como si el mundo fuera a necesitar baterías infinitas de un día para otro. Muchas compañías expandieron operaciones simultáneamente, generando una sobreoferta que terminó presionando los precios hacia abajo”, señala.
No obstante, Goicovich enfatiza que la tendencia estructural sigue siendo favorable para el litio, considerando que la electrificación global continuará profundizándose durante la próxima década: “Detrás de la volatilidad de corto plazo, la tendencia estructural sigue intacta: el mundo continuará electrificándose. El litio puede atravesar tormentas de precio, pero sigue siendo el corazón químico de la nueva economía energética”, agrega.
Una mirada similar entrega Jaime Bastías Chian, economista y director de la Escuela de Auditoría y Control de Gestión de la Universidad Finis Terrae, quien advierte que la volatilidad actual ya no responde únicamente a ciclos tradicionales de mercado.
“La evidencia apunta a que hay un cambio estructural profundo a nivel global. La demanda por almacenamiento energético y electromovilidad está en expansión y los expertos dicen que eso no tiene vuelta atrás”, sostiene.

“La evidencia apunta a que hay un cambio estructural profundo a nivel global. La demanda por almacenamiento energético y electromovilidad está en expansión y los expertos dicen que eso no tiene vuelta atrás”.
Jaime Bastías Chian.
El académico explica que el desarrollo de nuevos proyectos de litio requiere largos plazos de ejecución, lo que limita la capacidad de respuesta inmediata de la oferta frente a aumentos bruscos en la demanda: “Desarrollar un nuevo proyecto de litio tarda entre cinco y diez años y esto hace que la oferta sea sumamente inelástica en el corto y mediano plazo, provocando grandes saltos en los precios”, afirma.
Chile frente al desafío de capitalizar su liderazgo
El comportamiento del litio también comenzó a reflejarse en la economía chilena. Bastías explica que, pese al importante aumento en el valor de las exportaciones del mineral durante el primer trimestre de 2026, el impacto aún no logra compensar el desempeño negativo de otros sectores productivos.
“Las exportaciones de litio experimentaron un salto histórico y superaron los US$1.500 millones FOB en este primer trimestre. Fue un shock muy positivo para la balanza comercial y la recaudación fiscal. Sin embargo, el peso del litio dentro del PIB todavía no logra revertir la contracción general de otros sectores”, señala.
En paralelo, el debate sobre el rol de Chile dentro de la cadena global de valor vuelve a instalarse con fuerza. Si bien el país posee algunas de las reservas más competitivas del planeta, especialmente en el Salar de Atacama, especialistas coinciden en que el desafío ya no pasa únicamente por exportar materia prima.
“Chile posee algo más valioso que litio: posee litio de alta calidad en ecosistemas únicos y con experiencia técnica acumulada durante décadas”, afirma Goicovich.
Sin embargo, advierte que la competencia internacional avanzó con rapidez. “Australia avanzó con rapidez industrial y capacidad de producción. Argentina se movió agresivamente para atraer inversiones y acelerar proyectos. Chile, en cambio, ha transitado con más cautela”, sostiene.
Para Bastías, el país debe enfocarse en una estrategia realista que permita avanzar en segmentos de mayor valor agregado: “Nuestro verdadero desafío de competitividad no es fabricar baterías completas, sino dar un paso realista en la cadena de valor. Debemos transitar desde la exportación a granel hacia la producción local de hidróxido de alta pureza, precursores o materiales de cátodo”, plantea.
En esa línea, ambos especialistas coinciden en que el futuro del litio estará determinado no solo por la capacidad de extracción, sino también por estándares de sostenibilidad, trazabilidad y legitimidad ambiental.
“El futuro de la minería ya no dependerá únicamente de la extracción. Dependerá de la confianza”, concluye Goicovich.

